Muchas son las mujeres que, en todos los tiempos, con su inteligencia, decisión y coraje, han ejercido notable influencia en las sociedades en que vivieron, no siempre obteniendo un reconocimiento a la altura de sus méritos. Tal es el caso de la labor desarrollada por la doctora Montessori. Esta destacada pedagoga, nacida en Chiaravalle, Italia, en 1870, antes de dedicarse al campo educativo, estudió medicina y fue la primera mujer en inscribirse en la Universidad de Roma, desafiando los prejuicios de la época. Al poco tiempo de graduarse comenzó a interesarse en la educación de los niños subnormales hospitalizados, obteniendo resultados que la llevarían a conducir una escuela de formación docente. La doctora Montessori logró que los niños discapacitados de su curso aprendieran correctamente a leer y escribir, aprobando satisfactoriamente el ingreso a escuelas públicas junto a niños normales. Sus consideraciones pedagógicas se orientaban a tratar al niño signado como "anormal" en último análisis como normal. Sin quererlo, comenzaba a desarrollar una pedagogía próxima a los principios de Jean-Jacques Rousseau. Desde ese momento comenzó su lucha por cambiar el caduco sistema educativo basado en una enseñanza rígida y uniforme, impartida desde arriba, impuesta a fuerza de reprimendas y castigos corporales. Este tipo de educación consideraba al niño de naturaleza contraria a la enseñanza, por lo tanto era menester enderezarlo por la vía conveniente. María Montessori declaró la guerra a este viejo sistema escolar, defendiendo en el niño su inclinación natural a las cosas buenas y bellas y, por lo tanto, a la enseñanza debidamente impartida. Para ella no cabía hablar de niños anormales, sino reconocer la forma anormal, antinatural y contraproducente en que eran educados. Apareció así, una nueva pedagogía, basada en la preeminencia del alumno, en el estímulo, y sobre todo, en la creencia de que en el proceso educativo el maestro tiene tanto que aprender como el niño. Se trataba de un método de autoeducación según el cual el error no es algo a castigar, sino parte del esfuerzo para llegar a la comprensión. No fueron pocas las críticas que recibió por sus ideas, pero nadie le niega el mérito de haber logrado sacudir la inercia del viejo y perimido sistema escolar. |