Cuenta la leyenda que cierta vez Zeus, máxima autoridad del monte Olimpo, morada de los dioses griegos, tenía un fuerte dolor de cabeza. Como el sufrimiento iba creciendo constantemente, Zeus le pidió al dios Vulcano que le abriera el cráneo con un hacha. Así lo hizo Vulcano y ante la sorpresa de ambos, del cerebro de Zeus brotó Palas Atenea, la diosa de la sabiduría. Atenea era tan inteligente como su padre, pero guardaba una conducta moral mucho más rígida que su progenitor. Era la única diosa que no se involucraba en los característicos amoríos de aquellos personajes mitológicos. También poseía Atenea una soberbia sin igual, lo que la llevó a provocar terribles perjuicios a aquellas mujeres o diosas que competían con su belleza o inteligencia. Así, fue ella quien convirtió a Medusa, y a sus dos hermanas, en horrendas criaturas que convertían en estatuas de piedra a quienes las miraban a los ojos. Lo mismo hizo con Aracné, bella joven que fue tiranizada por la diosa y que, sin poder soportar tanto odio, se quitó la vida. Sin embargo, como Aracné era una prodigiosa bordadora, Palas Atenea la convirtió en araña, para que pudiera continuar con sus ejemplares prácticas. |